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Tuesday, 19 April 2016

No vale la pena

El mes pasado, el diario La Nación publicaba una nota donde reportaba sobre una conferencia dada en el Global Education & Skills Forum en donde se dio el debate del rol de las universidades como formadores de profesionales. El resumen: según algunos expertos, los títulos universitarios son “irrelevantes” a la hora de conseguir empleo y se debe repensar qué es lo que se enseña en la universidad e incluso considerar otros modelos distintos al del universitario.

Dentro del clima político de nuestro país, el artículo fue recibido con indignación por parte de un grupo de la sociedad que percibió intenciones ocultas en el tono del mismo. Las acusaciones de que “La Nación nos quiere tontos y sin educación” acompañaban al link en Facebook y Twitter. Tal fue la indignación que en el blog de Educando al Cerebro, Fabricio Ballarini y Pedro Bekinschtein decidieron escribir una respuesta donde buscan usar la evidencia científica para responder al interrogante del titular. “Por vos, por tu salud, por tu cerebro, por tus hijos, por un mundo mejor definitivamente VALE LA PENA IR A LA UNIVERSIDAD” termina triunfante. Sin embargo no hace falta más que un análisis superficial para concluir que no, no vale a pena defender a la universidad usando pobre evidencia y falacias lógicas.

Ballarini y Bekinschtein comienzan aclarando que “Hay que tener una discusión sobre lo que se enseña en la universidad”, pero al inmediatamente seguir con “el problema está en suponer que la educación solamente sirve para conseguir un trabajo” comienza la equivocación entre “universidad” y “educación” y la construcción de un hombre de paja que condena la respuesta a la total irrelevancia. Es que el artículo de La Nación, lejos de sugerir que no había que educarse, lo que hace es preguntarse cuál es la mejor manera de educarse para conseguir trabajo. Nada más ni nada menos.

A este punto podría detenerme en mi crítica y considerar que el artículo queda refutado simplemente por argumentar algo que nunca estuvo sobre la mesa, pero vale la pena seguir. El eje central de la respuesta es buscar demostrar distintas formas en que la educación mejora la calidad de vida y para esto usan principalmente dos líneas de evidencia.

La primera evidencia es que, a nivel de país, existe una correlación positiva entre el promedio de años de educación de la población y su riqueza, medida por su PBI per cápita y luego, que hay una correlación positiva entre éste último indicador y la expectativa de vida. Existen múltiples problemas con este argumento. Que “años de educación” no sea lo mismo que “ir a la universidad” es el menor de los problemas, que queda opacado por la utilización de una mera correlación entre variables a nivel de países para concluir una relación causal y luego extrapolarla a las decisiones a nivel individual (porque es el individuo el que decide si, para él, “vale la pena” ir a la universidad). Que en ningún momento muestren la correlación directa entre “años de educación” y expectativa de vida, es un toque de color.

Se podría decir que los autores reconocen la limitación de usar correlaciones. En efecto, se anticipan a esta crítica: “Seguramente podrás argumentar que es una simple correlación y vas a tener razón” dicen. Pero este reconocimiento es puramente superficial y no les impide concluir, falazmente, que “si vivir mejor es tener más esperanza de vida, salud y dinero”, entonces está bueno estudiar.

La segunda línea de evidencia en defensa de la educación universitaria reside en que, según ellos, los hijos de padres que no fueron a la universidad tienen la corteza un 3% más pequeña que los hijos de padres que sí tienen estudios universitarios. No parece importar que el estudio en el que se basan también encuentra áreas del cerebro que no son afectadas por la educación de los padres, que el 3% no aparece en ningún lugar del paper, que no se esté comparando educación universitaria con educación no universitaria y que, nuevamente, se trata de una correlación que puede ser causada por otros motivos.

En la investigación médica existen lo que se llama “marcadores indirectos” (surrogate endpoints, en inglés), que se pueden definir como cualquier variable que no te interesaba hasta que te dijeron que te tenía que interesar. Cosas como la presión arterial o el colesterol; a nadie realmente le importa en cuánto tiene los triglicéridos, lo que importa es tener mejor salud y se supone que uno conlleva el otro. De la misma manera, Ballarini y Bekinschtein tienen que dedicar un párrafo entero para explicar por qué tiene que importarte el grosor de la corteza de tus hijos.

La naturaleza indirecta de medir el grosor de la corteza queda en evidencia en otro de los papers citado por la nota, donde se reportan distinciones en encefalogramas de chicos según el nivel educativo de la madre, pero ninguna diferencia en el desempeño en las tareas que se estaban evaluando. En otras palabras, ningún efecto en las cosas que sí nos importan.

Pero sí vale la pena


A pesar de mis duras críticas al artículo, cabe aclarar que bajo ningún punto de vista creo que la educación es irrelevante en el desarrollo de las personas ni de las naciones. Simplemente, hay mejores formas de argumentarlo que usar dudosas correlaciones y variables que poco importan para hacerlo. Una respuesta pertinente al artículo de La Nación debería haberse basado en estudios mostrando específicamente la situación laboral de egresados universitarios en comparación con los no universitarios tratando de tener en cuenta todas las variables posibles.

Pero al final, ¿vale la pena ir a la universidad? La respuesta depende de cada uno, de sus intereses y plan de vida. Hay carreras para las cuales la universidad es necesaria. Medicina, Abogacía, Biología son carreras imprescindibles para poder trabajar en esos ámbitos. Pero otros planes de vida son incompatibles con la universidad.

La educación es un bien en sí mismo. Aún si no te hiciera más rico, más saludable o con hijos con cerebros enormes, aprender cosas es maravilloso; uno de los más grandes placeres de la vida. Te conecta con el mundo, te realiza como persona. Cada día que uno aprende cosas nuevas es un día bien utilizado. Y este aprendizaje no viene de la universidad, sino de uno. En palabras del gran Isaac Asimov, la auto-educación es la única educación que existe.

Thursday, 31 May 2012

Semana de las Ciencias de la Tierra 2012

Todos los años en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales se realizan las semanas de las ciencias. Está la Semana de la Matemática, de la Física, de la Química, etc… Del 15 al 17 de mayo nos tocó a nosotros en la Semana de las Ciencias de la Tierra.

Yo participé en un stand; obviamente el dedicado a Cambio Climático. Junto con una compañera tuvimos que armar un poster en un par de días con los parciales aproximándose a toda velocidad. El público eran chicos de primeria o primeros años de secundaria (si mal no recuerdo) y la idea era centrarse en los impactos del calentamiento global en Argentina. Aprendí bastante sobre ese tema, del cual nada había leído y quizás en un futuro escriba sobre él. Este es el poster que quedó:

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Hay varias cosas que se pueden mejorar, como la consistencia entre los gráficos o una mejor explicación del efecto invernadero. Para el año que viene procuraremos hacerlo más completo. De todas formas no creo que muchos hayan leído el poster; lo más importante era la presentación oral.

Como dije, el público eran chicos de primaria o secundaria. Venían con su escuela y hacían una visita guiada, veían un video y luego los soltaban en el patio central de la facultad donde podían pululear por los distintos stands. Había un esqueleto de dinosaurio, instrumentos de meteorología, demostraciones con un volcán y un pequeño tornado.

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Algunos chicos, pobres, venían con tarea. Iban de un stand al otro con una lista de preguntas que les habían dictado tratando de fijarse en cuál preguntarla. “¿Cuál es la relación de El Niño con el Cambio Climático?”, me preguntaron unas 15 veces, fruto de que nuestro poster estaba en en el mismo lugar que la de El Niño y la profesora pensó que hablábamos de la relación entre ellos. La verdad que era un poco molesto y triste; lo que debería ser una oportunidad para explorar las cosas que más les interesaban y, con suerte, despertar la curiosidad científica, se convertía en una tarea repetitiva de ir lugar a lugar llenado un checklist. Por suerte no todos eran así. Había algunos que nos escuchaban con algo de atención y, en vez de tomar apuntes, trataban de entender los conceptos que tratábamos de enseñar e incluso a hacían preguntas interesantes.

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El evento sobresaliente de todas la jornada para mí ocurrió el primer día. En uno de los grupos había una chica de 1º año de secundaria que tenía una mirada pensativa cuando le hablaba. Tomaba nota, hacía preguntas, se anticipaba a lo que iba a decir (aún cometiendo errores) y respondía a las preguntas que yo le hacía. En vez de una cara seria tenía una sonrisa de oreja a oreja y los ojos bien abiertos. Después de decir lo básico, les pregunté si tenían alguna duda. Todos dijeron que no (para zafar de otra explicación, seguramente) y comenzaron a amagar con irse, pero esta chica se quedó mirando al poster, pensando, como si quisiera aprender más pero no supiera qué más hay saber (o eso interpreté yo).

Le dije que, si quería, le podía comentar un poco sobre cómo sabíamos lo que sabíamos (¡la parte más interesante de la ciencia!) y me respondió que sí con una sonrisa. Le hablé sobre como la cantidad de CO2 emitido por los humanos era mayor del que efectivamente observamos, sobre los modelos climáticos e incluso sobre la huella isotópica del carbono proveniente de los combustibles fósiles. Le señalé que en el poster habían links a páginas de internet que podía visitar si quería aprender más y se las anotó en su cuaderno además de sacarles fotos con el celular.

No me acuerdo dónde lo leí o lo escuché, pero creo recordar a un maestro decir que para él esa mirada atenta y activa en los estudiantes es como una droga. Después de haberla experimentado, ¡no puedo estar en desacuerdo! Esa experiencia me alegró el resto del día y fue una lástima no encontrarme con más perlas como esa. Carl Sagan decía sobre la difusión de la ciencia que “cuando estás enamorado, quieres contarlo a todo el mundo”; y si encima podés contagiar ese amor, mucho mejor.

Tuesday, 7 December 2010

La OMS institucionalizaría el doble estándar de la “medicina” alternativa.

forense  La Organización Mundial de la Salud planea crear una Clasificación Internacional de Medicinas Tradicionales (ICTM por sus siglas en inglés). Este vendría a ser un proyecto paralelo a la Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD) para promover un estándar estadístico global para la evaluación de terapias “alternativas” (es decir, no-medicina).

Según el artículo en Science Insider, “incluirá datos sobre remedios herbales, acupuntura, moxibustión, terapias naturales y ejercicios”. La OMS siempre ha tenido una relación algo ambigua con las prácticas medicinales alternativas. Por un lado, no tengo noticias de que alguna vez hayan apoyado el uso de terapias de efectividad y seguridad no probadas, pero por el otro siempre ha intentado ‘integrar’ a los practicantes de estas modalidades en sus campañas. Se trata de una situación bastante difícil. Una organización de su tipo no puede hacer menos que promover las mejores terapias más seguras y más efectivas dentro de lo posible; pero al actuar en regiones pobres y con bajo o nulo acceso a la medicina científica, no pueden darse el lujo de alienar a todo chaman, curandero o brujo sanador que podría ayudarlos en su casusa.

Cuando leí la noticia lo primero que pensé es en la institucionalización de un doble estándar viejo y peligroso. Por un lado la medicina, por el otro la “medicina alternativa”. Esta es una dicotomía que resulta ridícula para cualquiera con sentido común. No recuerdo quien dijo: “¿Saben cómo se llama la medicina alternativa que funciona?… medicina”. Pero eso depende del contenido que el ICTM integre en su texto. Siguiendo la línea de razonamiento anterior, si algo es “terapia alternativa”, por definición no puede funcionar. El ICTM podría resultar un recurso valioso si listara toda la evidencia que hay en contra de las modalidades que lista; si se trata de un intento de hacer llegar la información al público que no la conoce.

Habrá que estar expectantes. A pesar de que tengo objeciones de principio a la creación de algo como esto, tengo que admitir que podría ser un proyecto fructífero. Espero que lo sea. Mientras tanto, dejo una cita del Insider que puede ser interpretada como alentadora o aterradora

T. Bedirhan Üstün, que lidera los esfuerzos de clasificación de la OMS,afirmó que debido a la flata de iformación estandarizada, la medicina tradicional es “el lado obscuro de la medicina”. El ICTM acercará estos acercamientos tradicionales “hacia la luz de la ciencia”.

(viñeta cortesía de La Pulga Snob)

Wednesday, 1 December 2010

Ilusión de causación y cómo reducirla.

ResearchBlogging.org

Es saber proverbial (al menos en ciertos círculos) que el humano es un animal que busca patrones. Skinner demostró que las palomas no están exentas de esta consideración y varias investigaciones evidencian que esta tendencia aumenta cuando nuestra sensación de control disminuye. Este es un tema muy relevante en la pseudociencia ya que es usual que quienes la promueven se sustenten en nuestra pobre capacidad de estimar causación y efectividad. Entender cómo reducir esa ilusión de causación sería un buen método para disminuir la influencia de los charlatanes. En un paper publicado en el British Journal of Psychology, investigadores de la Universidad de Deusto en Bilbao hace precisamente eso.

Muchas personas tratan de encontrar diferencias cognitivas entre los creyentes y no creyentes. Por ejemplo, algunas investigaciones vinculan una personalidad propensa a la fantasía (fantasy prone personality) y la creencia en lo paranormal. Helena Matute et al propone que, en realidad, la ilusión de causación, los errores cognitivos y los errores sistemáticos son parte de la cognición normal a la luz que las investigaciones que el acercamiento anterior no llegó a resultados consistentes. Se basan en dos pilares de conocimiento, la literatura sobre superstición y e ilusión de control y la teoría de contingencia en el aprendizaje y predicen que la cantidad de veces que se observa la potencial causa y la forma en la que se evalúa el resultado son dos factores que disminuirían la ilusión de causalidad (preguntar por la efectividad debería generar mayor ilusión de causación que preguntar específicamente por la causa).

En el experimento se realizó por internet y consistía en pedirles a los participantes que evalúen la efectividad de una droga ficticia para curar una enfermedad que no existe realmente. Se les mostraba a cada participante 100 pacientes ficticios que sufrían de Síndrome de Lindsay; algunos de ellos habían tomado la medicina (Batatrim) y otros no. Se les preguntaban si creían que el paciente iba a mejorar y luego se les decía si se habían curado o no. El truco es que tanto los pacientes que habían tomado la medicina como los que no se curaban el 80% de las veces; es decir, el Batatrim no tenía efecto alguno.

Para probar si la frecuencia en la que aparecía la causa potencial afectaba el nivel de ilusión, los participantes fueron divididos en 2 grupos. Uno veía 80 pacientes que habían tomado la droga y el otro sólo 20 (en ambos casos la tasa de recuperación era del 80%). Además, se les preguntaba “¿Hasta qué punto crees que el Batatrim es la causa de la curación de las crisis de los pacientes que has visto?” (pregunta causal) y “¿Hasta qué punto crees que el Batatrim ha sido efectivo para curar la crisis de los pacientes que has visto?” (pregunta sobre efectividad).

Matute et al 

Como habíamos predicho, las barras negras (los que vieron sólo 20 pacientes que tomaron el Batatrim) juzgaron el medicamento significativamente menos efectivo que las barras rayadas. Pero además, la forma en la que se formula la pregunta también tiene un efecto (no tan fuerte).

Conclusiones.

Este estudio tiene, creo yo, implicaciones importantes en la forma en la que los divulgadores científicos  la comunidad escéptica se relaciona con el público. Aparentemente sería recomendable abordar cuestiones como la efectividad de la homeopatía desde el ángulo de la causalidad. Cuando se pregunta por “efectividad”, la relación causal queda adentro de la caja negra. Si una persona conoce muchas personas que se mejoraron luego de un tratamiento, hay que hace un trabajo cognitivo importante para no concluir que éste es efectivo. Al poner en la mesa la noción de causación, quizás uno esté ayudando ese trabajo; abriendo la caja negra para que el otro mire adentro.

Por otro lado, también muestra la efectividad (ejem..) de otro tipo de campaña. Instruir sobre el método científico es una buena idea pero tiene muchas complicaciones. Como bien notan en el paper, el sólo hecho de convencer a alguien que la ciencia es algo que vale la pena es un desafío. Exponer al público a una mayor cantidad de evidencia no sesgada es más simple y no deja de ser efectivo. En cualquier caso, es otra forma de responder al “a mí me funcionó”.


Matute H, Yarritu I, & Vadillo MA (2010). Illusions of causality at the heart of pseudoscience. British journal of psychology (London, England : 1953) PMID: 21092400

Wednesday, 11 August 2010

Asimov sobre el “aprendizaje voluntario”.

Un amigo me mandó este video por mail. Es increíble la visión que tenía este tipo.

Asimov es mi autor favorito. De mi biblioteca, todo un estante es ciencia ficción y yo diría que Asimov ocupa un 80% de ese espacio. Su Saga de la Fundación es excelente, la cima de la ciencia ficción.

Este video me hizo acordar a uno de sus cuentos llamado “The Feeling of Power” (versión en inglés y español [pdf]) que trata de un hombre que, para asombro de los mismos gobernantes del planeta, puede sumar, restar, multiplicar y dividir sin una calculadora. Quien lo lee actualmente entiende el comentario social. La omnipresencia de las máquinas de calcular hacen que no seamos capaces de realizar las operaciones más simples. Lo sorprendente es que fue escrito mucho antes de que existiera.

Monday, 14 December 2009

“¿Aborto para neutralizar el calentamiento global?” o cómo sembrar miedo con deshonestidad intelectual.

Leyendo un artículo que me llamó mucho la atención en mi lista de feeds. El título (“¿Aborto para neutralizar el calentamiento global?”) me pareció muy curioso. ¿Qué relación habría entre abortar embarazos y la disminución de los efectos del cambio climático?. Pero, luego de seguir el link me encontré, me encontré no con los dichos de un quack extremista que preocuparan legítimamente al sitio católico, sino con un intento descarado de desinformación y demonización del otro.

El artículo acusa a los enemigos de siempre (“las organizaciones eco-feministas”, por ejemplo) de decir que la planificación familiar puede cumplir un rol importante en la disminución de emisiones de gases invernadero. La ecuación es simple: “Menos emisores, menos emisiones, menos costo”. Yo no sé si estoy del todo convencido del impacto que pueda tener o no los planes de planificación familiar en el efecto invernadero. Lo que es seguro es que es mucho mejor que la alternativa. Si una familia no tiene recursos para criar hijos o no quiere tener más hijos, es en el interés de ellos y de la sociedad en su conjunto asegurarse de que puedan planear su situación familiar deseada con eficiencia y eficacia. Familias de 10 hijos que no pueden alimentarse bien ni ir al colegio no son deseadas por nadie salvo, aparentemente, por las Iglesias que se ven beneficiadas por hordas de familias pobres y subeducadas.

Monday, 23 November 2009

¡La ironía! ¡Me quema!

Este Arzobispo se queja de España por su "deficiente regulación jurídica" de la enseñanza de Religión y Moral Católica. En el mismo artículo (¡y pueden ver en la foto que lo dice con la cara seria!) exige que la asignatura Educación para la Ciudadanía y Derechos Humanos no sea obligatoria y que "Habría de ser programada como materia de formación estrictamente cívico-jurídica y no como una materia de formación moral y de visión del hombre, fórmula típica de una enseñanza ideológica y adoctrinadora".

Esto sigue la línea de doblepensar doble discurso que tiene la iglesia desde siempre. Para esta los niños tienen derecho no a se adoctrinados, sino a ser adoctrinados por la fe católica.