Sunday, 3 July 2016

El caos

Es algo que todos sabemos. Desde que somos chicos, nuestros padres nos advierten de las terribles consecuencias de viajar en el tiempo. "Cualquier minúsculo cambio en el pasado" -dice el clásico cuento para dormir- "puede cambiar por completo la historia como la conocemos". Y está claro por qué sucede esto: el Universo, creemos, es un sistema caótico.

Y es así como desde nuestra más tierna infancia se nos enseñan las ecuaciones diferenciales que componen el Sistema de Lorenz; uno de los ejemplos más elegantes de sistema caótico en el cual pequeñas diferencias en las condiciones iniciales resultan en enormes diferencias en las condiciones finales en muy poco tiempo. No falta en la cuna de ningún niño un peluche representando al atractor que le corresponde y que representa las trayectorias estables del sistema.


Bueno, quizás no. En realidad aunque la idea de sistemas caóticos tiene mucha tracción popular, no creo que haya muchos bebés que tuvieran un papel tapiz lleno de ecuaciones diferenciales. Tampoco creo que los padres rutinariamente les cuenten a sus chicos las Fábulas del atractor, que ejemplifiquen distintas características de un sistema caótico.

Lo que diferencia a un sistema caótico a uno no-caótico es que en el primero distintos estados muy similares entre ellos pueden evolucionar de forma completamente distinta. Si pateo una pelota, ésta no va a cambiar mucho su trayectoria si le pego un poco más fuerte o más débil; no hace falta hacer el tiro perfecto para que entre en el arco. Pero en un sistema caótico, esa hojita que se te enredó en los botines es la diferencia entre pegarle en el palo o que la pelota de la vuelta y caiga sobre la falda de la reina de Inglaterra.

Es fácil observar este comportamiento en el sistema de Lorenz. Empezando en lugares muy parecidos, las trayectorias rápidamente se separan y toman caminos completamente distintos.


Es como una historia de los dos amantes caminando por un sendero abrazados, muy cerca uno del otro pero que, esclavos de las ecuaciones diferenciales que rigen su devenir, rápidamente se separan, tomando caminos completamente distintos. Uno condenado a vagar durante años alrededor del centro del ala izquierda, mientras que el otro divide su tiempo entre las dos alas.

Esta cualidad hace que los sistemas caóticos tengan lo que se llama límite de previsibilidad. Hay un tiempo finito luego del cual cualquier par de puntos cercanos se terminan de alejar tanto como cualquier par de puntos elegidos al azar. La atmósfera es un sistema caótico y este límite es del orden de 15 días.

Esto significa que sin importar cuánto tratemos de mejorar las condiciones iniciales que se usan para hacer un pronóstico meteorológico, es teóricamente imposible predecir el tiempo con más de 15 días de antelación. No hay pacto con el diablo que sirva para superar este límite de predictibilidad. La buena noticia para los meteorólogos es que los sistemas de pronóstico actuales están muy lejos de darse contra esta pared impenetrable, por lo que tienen trabajo para rato.

Hay algunos fenómenos que ayudan al pronosticador. Para empezar, no todos los caminos del atractor son iguales. Algunos estados del sistema de Lorenz son más sensibles que otros. En particular, el área donde se juntan las dos alas del atractor es la zona más inestable, mientras que los giros en el centro de las mismas son mucho más estables.


En la atmósfera también hay estados relativamente estables que hacen que el pronóstico sea más exacto. Pero por más estable que esté el tiempo, la maldición del sistema caótico indefectiblemente va a hacer que los errores iniciales crezcan enormemente tarde o temprano. Aún peor. Los errores más pequeños crecen relativamente más rápido que los errores grandes. Esto significa que esforzarse para empezar el pronóstico a partir de una situación inicial 10 veces mejor no garantiza errores 10 veces más chicos.

Una segunda ayuda al pronosticador es la presencia de forzantes. Estas son fuerzas ajenas al sistema que aumentan su predictibilidad a largo plazo. Cuando se le agrega un forzante al sistema de Lorenz, las trayectorias empiezan a mostrar una preferencia y pasan más tiempo en un ala que en la otra.


Esto es buenísimo. Significa que, en presencia de un forzante, si bien no es posible predecir el estado exacto del sistema más allá del límite de previsibilidad, sí se puede pronosticar que es más probable que se encuentre de un lado que del otro. En la atmósfera, esto equivale al pronóstico estacional. Es imposible decir que de acá a 3 meses va a llover, pero si la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial está más caliente de lo normal, podemos decir con cierta seguridad que en el litoral argentino va a llover más de lo normal.

También significa que podemos proyectar cómo van a evolucionar las condiciones medias de la atmósfera dado el aumento de las concentraciones de dióxido de carbono, ya no de acá a unos meses, sino en el transcurso de varias décadas.

Del caos surge el orden.

Sunday, 19 June 2016

Brevísima historia de la ciencia latinoamericana


El diario La Nación recientemente se convirtió en una aparente fuente inagotable de artículos controversiales sobre la ciencia y la educación. Además de la mal comprendida nota sobre la utilidad de la Universidad, a partir del cambio de gobierno comienzan a salir a la luz cuestionamientos, críticas, defensas y evaluaciones sobre la gestión anterior en materia de ciencia y tecnología.

Hace unos días, el investigador Pablo Kreimer publicó una nota de opinión tomando la posición de que durante los úlimtos 12 años, el estado de la ciencia mejoró, pero menos que otros países de la región.

Según los propios datos del Mincyt, la producción de artículos de la Argentina creció un 17% entre 2009 y 2013 (plena "época dorada"). Parece bastante. Pero en el mismo período en Brasil aumentaron un 35%, en Chile un 56%, en México un 75% y en Colombia un 78%.

En Twitter, Adrian Jacobo se fijó en los datos y llegó a la conclusión de que, si bien lo que dice la nota es cierto en cuanto a cantidad de producción, falta la perspectiva de su calidad.


Es un punto importante. De nada sirve sacar papers como churros si nadie los lee. Por suerte, hay datos y podemos analizar la evolución de estos indicadores. La historia de la cantidad y la calidad de producción científica de los 10 países latinoamericanos que más publican puede resumirse en un solo gráfico:


La trayectoria de cada país es en este plano es su historia. Un movimiento hacia la derecha implica aumento en las publicaciones anuales, y cuantas más citas por artículo por año, más se va hacia arriba. Lo ideal, por supuesto, es moverse hacia la esquina superior derecha y se ve que, por suerte, esa es la dirección general. Pero cada país tiene sus peculiaridades.

Brasil es el claro gigante del grupo. Actualmente publica unas 6 veces más publicaciones que México, el país que le sigue en el ranking. Sin embargo, sus artículos son relativamente poco citados en promedio y, además, no muestra mucha mejoría en ese indicador desde 2005. En esto es similar a Colombia. Este país es el que más creció porcentualmente en cantidad de publicaciones, pero se ve que dejó de crecer en las citas promedio por artículo hace más de una década.

Notorio es el caso de Venezuela, que a pesar de haber avanzado tanto en publicaciones como en citas, muestra un estancamiento e incluso un retroceso en su producción científica. Cuba es el único país que también muestra una disminución en publicaciones (aunque no se puede apreciar bien en el gráfico).

Perú, Ecuador y Uruguay se destacan también y muestran un comportamiento similar. Los tres países comenzaron con cantidades similares de publicaciones y citas y evolucionaron en tres etapas. Una primera de rápido crecimiento en citas hasta ~2002, seguido por un período donde también comenzaron a aumentar las publicaciones y finalmente, desde aproximadamente 2008, una caída en las citas por artículo.

Hilando más fino, podemos analizar el crecimiento porcentual en publicaciones tomando como referencia 1996.


Así quedan en evidencia los grandes ganadores y los grandes perdedores. La producción científica de Argentina es un poco más de dos veces y media de lo que era hace 20 años. Ecuador, Colombia y Perú, en cambio, mostraron un crecimiento muchísimo mayor, del orden de 10 veces más. También se destaca el retroceso de Venezuela mencionado antes, que publica a niveles de 2002, y aparece la caída en las publicaciones de Cuba.

La figura también muestra algo que falta en muchos de los análisis que se leen en los medios. Tanto se concentran en lo que pasó durante el último gobierno que se pierde la comparación con lo que sucedía antes. La desaceleración del crecimiento empezando en ~2005 afecta a casi todos los países. Salvo Ecuador, Colombia, Perú y quizás Brasil, todos crecieron más en publicaciones entre 1996 y 2005 que entre 2005 y 2014

Si nos centramos en el crecimiento en la cantidad de citas por artículo (de nuevo, tomando a 1996 como el año de referencia) el ranking se ve modificado bastante.
En esta medida, a la Argentina le fue mejor que la mayoría de los países de la región a excepción de Perú, que no sólo fue el que más creció en términos relativos, sino que también es el que más citas por artículo tiene en total, y con Chile pisándole los talones. En promedio, los artículos de estos países son citados unas 2.5 veces más que hace dos décadas. Los demás países de la región no crecieron tanto en citas.

También se puede comparar el impacto relativo de la ciencia de cada país calculando la razón ente la proporción de citas recibida y la proporción de trabajos publicados . Si un país publica el 90% de los trabajos de latinoamérica pero recibe el 10% de las citas, entonces su ciencia está teniendo un impacto por debajo del que cabría esperar, lo contrario de un país cuya producción representa el 10% del total pero acapara el 90% de las citas.


Un valor por debajo de 1 implica un impacto menor al esperado sólo por la cantidad de artículos, un valor por encima, implica lo contrario. Perú, Uruguay y Ecuador otra vez resaltan (aunque éste último tuvo un fuerte retroceso en los últimos años), mostrando que son países donde la calidad se pone por encima de la cantidad. El gigante Brasil, por su parte, tiene casi exactamente el impacto que debería en función del tamaño de su producción.

Argentina, en esta medida, está dentro de los pocos países que ah mostrado un crecimiento aunque, nuevamente, este indicador no muestra mucha mejoría desde aproximadamente 2008 y recientemente hay señales de retroceso.

La historia que muestran los datos a grandes rasgos es consistente para los países de latinoamérica. Si bien cada uno tiene detalles particulares, en general hubo un crecimiento rápido seguido por una desaceleración, estancamiento o incluso decrecimiento en la última década. Bajo estos (limitados parámetros), la ciencia en Argentina creció tanto en cantidad como en calidad, aunque no tanto como otros países de la región. Lo que sí hay que reconocer es que, si hubo una "época de oro" de la ciencia Argentina, fue entre 1996 y 2005 más que entre 2005 y 2014.

Tuesday, 19 April 2016

No vale la pena

El mes pasado, el diario La Nación publicaba una nota donde reportaba sobre una conferencia dada en el Global Education & Skills Forum en donde se dio el debate del rol de las universidades como formadores de profesionales. El resumen: según algunos expertos, los títulos universitarios son “irrelevantes” a la hora de conseguir empleo y se debe repensar qué es lo que se enseña en la universidad e incluso considerar otros modelos distintos al del universitario.

Dentro del clima político de nuestro país, el artículo fue recibido con indignación por parte de un grupo de la sociedad que percibió intenciones ocultas en el tono del mismo. Las acusaciones de que “La Nación nos quiere tontos y sin educación” acompañaban al link en Facebook y Twitter. Tal fue la indignación que en el blog de Educando al Cerebro, Fabricio Ballarini y Pedro Bekinschtein decidieron escribir una respuesta donde buscan usar la evidencia científica para responder al interrogante del titular. “Por vos, por tu salud, por tu cerebro, por tus hijos, por un mundo mejor definitivamente VALE LA PENA IR A LA UNIVERSIDAD” termina triunfante. Sin embargo no hace falta más que un análisis superficial para concluir que no, no vale a pena defender a la universidad usando pobre evidencia y falacias lógicas.

Ballarini y Bekinschtein comienzan aclarando que “Hay que tener una discusión sobre lo que se enseña en la universidad”, pero al inmediatamente seguir con “el problema está en suponer que la educación solamente sirve para conseguir un trabajo” comienza la equivocación entre “universidad” y “educación” y la construcción de un hombre de paja que condena la respuesta a la total irrelevancia. Es que el artículo de La Nación, lejos de sugerir que no había que educarse, lo que hace es preguntarse cuál es la mejor manera de educarse para conseguir trabajo. Nada más ni nada menos.

A este punto podría detenerme en mi crítica y considerar que el artículo queda refutado simplemente por argumentar algo que nunca estuvo sobre la mesa, pero vale la pena seguir. El eje central de la respuesta es buscar demostrar distintas formas en que la educación mejora la calidad de vida y para esto usan principalmente dos líneas de evidencia.

La primera evidencia es que, a nivel de país, existe una correlación positiva entre el promedio de años de educación de la población y su riqueza, medida por su PBI per cápita y luego, que hay una correlación positiva entre éste último indicador y la expectativa de vida. Existen múltiples problemas con este argumento. Que “años de educación” no sea lo mismo que “ir a la universidad” es el menor de los problemas, que queda opacado por la utilización de una mera correlación entre variables a nivel de países para concluir una relación causal y luego extrapolarla a las decisiones a nivel individual (porque es el individuo el que decide si, para él, “vale la pena” ir a la universidad). Que en ningún momento muestren la correlación directa entre “años de educación” y expectativa de vida, es un toque de color.

Se podría decir que los autores reconocen la limitación de usar correlaciones. En efecto, se anticipan a esta crítica: “Seguramente podrás argumentar que es una simple correlación y vas a tener razón” dicen. Pero este reconocimiento es puramente superficial y no les impide concluir, falazmente, que “si vivir mejor es tener más esperanza de vida, salud y dinero”, entonces está bueno estudiar.

La segunda línea de evidencia en defensa de la educación universitaria reside en que, según ellos, los hijos de padres que no fueron a la universidad tienen la corteza un 3% más pequeña que los hijos de padres que sí tienen estudios universitarios. No parece importar que el estudio en el que se basan también encuentra áreas del cerebro que no son afectadas por la educación de los padres, que el 3% no aparece en ningún lugar del paper, que no se esté comparando educación universitaria con educación no universitaria y que, nuevamente, se trata de una correlación que puede ser causada por otros motivos.

En la investigación médica existen lo que se llama “marcadores indirectos” (surrogate endpoints, en inglés), que se pueden definir como cualquier variable que no te interesaba hasta que te dijeron que te tenía que interesar. Cosas como la presión arterial o el colesterol; a nadie realmente le importa en cuánto tiene los triglicéridos, lo que importa es tener mejor salud y se supone que uno conlleva el otro. De la misma manera, Ballarini y Bekinschtein tienen que dedicar un párrafo entero para explicar por qué tiene que importarte el grosor de la corteza de tus hijos.

La naturaleza indirecta de medir el grosor de la corteza queda en evidencia en otro de los papers citado por la nota, donde se reportan distinciones en encefalogramas de chicos según el nivel educativo de la madre, pero ninguna diferencia en el desempeño en las tareas que se estaban evaluando. En otras palabras, ningún efecto en las cosas que sí nos importan.

Pero sí vale la pena


A pesar de mis duras críticas al artículo, cabe aclarar que bajo ningún punto de vista creo que la educación es irrelevante en el desarrollo de las personas ni de las naciones. Simplemente, hay mejores formas de argumentarlo que usar dudosas correlaciones y variables que poco importan para hacerlo. Una respuesta pertinente al artículo de La Nación debería haberse basado en estudios mostrando específicamente la situación laboral de egresados universitarios en comparación con los no universitarios tratando de tener en cuenta todas las variables posibles.

Pero al final, ¿vale la pena ir a la universidad? La respuesta depende de cada uno, de sus intereses y plan de vida. Hay carreras para las cuales la universidad es necesaria. Medicina, Abogacía, Biología son carreras imprescindibles para poder trabajar en esos ámbitos. Pero otros planes de vida son incompatibles con la universidad.

La educación es un bien en sí mismo. Aún si no te hiciera más rico, más saludable o con hijos con cerebros enormes, aprender cosas es maravilloso; uno de los más grandes placeres de la vida. Te conecta con el mundo, te realiza como persona. Cada día que uno aprende cosas nuevas es un día bien utilizado. Y este aprendizaje no viene de la universidad, sino de uno. En palabras del gran Isaac Asimov, la auto-educación es la única educación que existe.

Wednesday, 4 December 2013

Índice de libertad económica. No significa lo que creés que significa.

Quien haya debatido con libertarianos (o liberales, o libertarios, o libertarians) más de una vez, seguramente se encontró con argumentos que utilizan como base algún “índice de libertad económica” como el de The Heritage Foundation o el Fraser Institute. La idea es que cuando ves los rankings que publican, los países “más libres” son los “mejores”, o los más prósperos, o los que tienen más arcoíris y ponis, o alguna otra medida positiva.

imageRelación entre el Índice de libertad económica de The Heritiage Foundation y el PBI per cápita. (Fuente: The Herigate Foundation)

Pero, ¿qué significa para estas organizaciones que un país tenga un alto grado de “libertad económica”? Si vemos los indicadores usados para generar el índice vemos que, por ejemplo en el caso de la Heritage, se tienen en cuenta 10 aspectos de la “libertad”:

  • Derechos de propiedad
  • Falta de corrupción
  • Libertad fiscal (baja presión impositiva)
  • Gasto gubernamental
  • Libertad de empresa
  • Libertad laboral
  • Libertad monetaria
  • Libertad de intercambios
  • Libertad de inversión
  • Libertad financiera

Cada país tiene un puntaje en cada categoría y luego éste se promedia para obtener el puntaje global.

Pero en esa lista se mezclan varias cosas. La falta de corrupción no tiene necesariamente que ver con las libertades individuales o los principios libertarianos ya cualquier es difícil pensar en una ideología política que considere que es bueno tener corrupción. Tampoco creo que haya que discutir que la libertad de empresa es algo deseable (aunque seguramente hay que balancearla con problemas regulatorios que hacen a la salud y seguridad de la población). No; en mi experiencia la mayor parte de los debates tienen que ver con el gasto gubernamental y los impuestos. Tiene que haber pocos impuestos (recordemos que muchos adhieren a esta idea de que el impuesto es un robo) y el Estado debe ser lo más pequeño posible.

Pero cuando uno se pone a ver los rankings de libertad, sin embargo, inmediatamente surge un problema: países que parecerían ser lo opuesto al ideal libertariano aparecen en los primeros puestos. Canadá, Dinamarca, Suiza, etc… Países que están en el imaginario colectivo como ejemplos de un Estado muy presente en la economía, con educación y salud pública e impuestos altos están entre los económicamente más libres. Dinamarca, por ejemplo, aparece noveno en la lista de libertad económica pero tiene impuestos altísimos (49% del PBI según la propia Heritage, aún más que Cuba, con un mísero 20%) y un grado altísimo de gasto gubernamental (está número 8 en los que más gastan).

Desempacando el índice

Lo que sucede es que simplemente la “libertad económica” de The Heritage Foundation no tiene nada que ver con el gasto estatal ni la presión fiscal. Aún cuando éstas variables se usen para elaborarlo, carecen completamente de relevancia.

Por suerte en la página de la Heritage se puede tener acceso a los puntajes de cada país en cada indicador. Usé esos datos para establecer qué relación había entre cada uno y el índice general. Uno esperaría que cada indicador contribuya algo al índice total. Por ejemplo, esta es la relación entre el índice de Libertad de inversión y el de Libertad económica.

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Tiene sentido. Más libertad de inversión tiene que estar relacionado con más libertad en general. Para ver lo que pasa con todos los indicadores, en este gráfico se muestra el coeficiente de correlación entre cada indicador y el índice de libertad. La línea negra indica el nivel mínimo de significancia estadística.

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¿Se nota que hay algo raro? La libertad fiscal y el gasto gubernamental no tienen ninguna relación con el índice de libertad. En otras palabras, el “índice de libertad económica” no provee información alguna sobre el nivel de gasto gubernamental de cada país ni la presión tributaria.

Esto es curioso. ¿Por qué alguien definiría un índice usando un indicador que no está relacionado con el mismo? No sé pero en cualquier caso, si el "índice de libertad económica" significa algo, no es lo que la muchos tienen en la cabeza y no sirve para sacar ninguna conclusión sobre los impuestos o el "tamaño" del estado.

Algo similar ocurre con el índice del Fraser Institute. Éste índice utiliza 5 indicadores que son a su vez un sumario de unos 42 indicadores más:

  • Tamaño del gobierno (donde un puntaje mayor significa más libertad)
  • Estructura legal y derechos de propiedad
  • Moneda sólida
  • Libertad de intercambios internacionales
  • Regulaciones

Haciendo lo mismo que con el índice del Heritage se obtiene un panorama similar.

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Aunque esta vez todos tienen correlación significativa, el Tamaño del gobierno tiene una incidencia mucho menor y es apenas estadísticamente significativa. Pero lo más interesante es si analizamos en detalle ese indicador y nos fijamos qué relación hay entre cada una de las 6 subindicadores que lo componen (mi traducción de los términos técnicos de impuestos puede ser menos que perfecta):

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En este caso el sub-indicador de Gasto Gubernamental no sólo no está relacionado con la libertad económica sino que, al contrario, ¡tiene una correlación negativa!. Esto significa, en otras palabras, que los países “más libres” son también los que tienen gobiernos que gastan más. También se puede ver que la cantidad de subsidios también tiene una relación directa con la “libertad”  y que los sub-indicadores relacionados con los impuestos tienen una relación apenas significativa.

No es “lo que dice en la lata”

Podemos concluir entonces que el “índice de libertad económica” como la define estos dos índices puede significar muchas cosas, pero ninguna de esas implican un gobierno pequeño y bajos impuestos. Entonces cualquier relación entre alguna medida de “prosperidad” y la libertad económica tendrá valor para la Libertad de empleo o una Moneda sólida pero no tiene relevancia cuando se argumenta sobre impuestos o los gastos del Estado.

De hecho, podemos usar los datos que provee la Heritage Foundation para preguntarnos cuál es la verdadera relación entre, por ejemplo, el PBI per cápita y la Libertad fiscal o el Gasto gubernamental.

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Efectivamente, tanto un mayor Gasto gubernamental y como una mayor Carga fiscal están correlacionados con un PBI per cápita mayor.

Correlación no es causa.

Pero esto no significa que el gasto público causa más mayor prosperidad, lo único que muestra es que hay una relación. Nada nos dice que ésta sea causal ni mucho menos que sea “gasto público causa prosperidad”. Bien podría ser que los países más prósperos gastan más por razones puramente históricas, o que las economías prósperas decidan gastar más por alguna razón.

Eso parecería un alivio para el libertariano pero no lo es, ya que lo mismo vale para la relación libertad-prosperidad. Aún si tomáramos por ciertos y válidos estos índices de libertad, eso sólo establecería una correlación y pero valen las mismas limitaciones que antes.

Tampoco con todo esto necesariamente quiero decir que estos índices de libertad no sirven para nada. Aunque yo pueda tener mis serias reservas de tomar en serio herramientas de análisis creadas por grupos ideológicos con un clarísimo sesgo hacia determinadas conclusiones, lo que hay que destacar del anterior análisis es que nada tiene que ver la “libertad económica” así entendida con el gasto gubernamental y los altos impuestos.

Lo que está operando acá es la Falacia de División, que es la idea de que si algo es verdadero para un conjunto también lo es para sus elementos. Como vimos, si bien el índice de libertad económica sí está relacionado con el PBI per cápita, no es cierto que cada una de sus partes lo esté.

Monday, 31 December 2012

¿El Calentamiento Global se detuvo en 1997?

Este es un viejo meme de los negacionistas del cambio climático. Que hace 15/16/17 años que no hay calentamiento, que el calentamiento global se detuvo en 1995, o 1997, o 2002. ¡Este argumento incluso lo leí en un foro dedicado a la meteorología!

Recordemos que hace unos años, era todo el furor que el climatólogo Phil Jones haya “admitido” que “desde 1995” no había habido calentamiento significativo. Lástima que al año siguiente esto terminó siendo falso y el período 1995-2010 sí mostraba un calentamiento estadísticamente significativo.

Obviamente estamos ante una cosecha de cerezas. Buscar el año justo en el que la tendencia lineal no es significativa y afirmar sin más que ese año el calentamiento se detuvo. Mientras tanto ignoremos todos los otros años para los cuales la tendencia sí es significativa. Eso es muy fácil de hacer cuando se tiene una serie de datos tan ruidosa como las temperaturas anuales como bien lo demuestra este gráfico de Skeptical Science

Escalator_2012_500

Se ve que en realidad hay muchísimos años en los que “el calentamiento global se detuvo” pero viendo qué es lo que pasa con 1997 en particular:

cambioclimatico1997

La línea negra es una estimación lineal del calentamiento global entre 1983 y 1997; la línea naranja es una extrapolación lineal y la línea celeste es lo que esperaríamos. Está claro que el calentamiento global NO se detuvo en 1997.

Es más, podemos hacer una estimación lineal del calentamiento global desde cada año hasta ahora y ponerla en un gráfico.

tendencia

Cada punto representa la estimación lineal desde cada año hasta la actualidad (los datos los calculé utilizando esta herramienta). Es decir, el valor de 1983 es la estimación lineal 1983-2011; el valor de 1991 es la de 1991-2011 y así. En vertical están las barras de error. Se puede ver que, si tenemos en cuenta las barras de error, no hay fundamento alguno para decir que el calentamiento global se detuvo en 1997.

Conclusión.

En definitiva, la afirmación de que desde 1997 no hay calentamiento global es absurda y deshonesta. Absurda porque no tiene sentido decir que un proceso gradual y a largo plazo como el calentamiento global se detuvo en un año y deshonesta porque el año está específicamente seleccionado para llegar a una cierta conclusión. Es aprovecharse de una serie de datos ruidosa para encontrar el dato que se quiere encontrar en vez de dejar que los datos hablen por si mismos.

Monday, 19 November 2012

La ética saganiana del Mass Effect.

Hace poco que terminé de jugar a la trilogía del Mass Effect. Tres videojuegos que, en mi opinión, son un excelente recordatorio de por qué este medio es una forma de arte. Como una especie de homenaje escribí una serie de artículos que publiqué en el blog del Círculo Escéptico Argentino analizando elementos científicos en el universo del juego; anteriormente también había escrito uno uniéndolo con la teoría matemática de Grafos.

Pero aunque creo que el tema de la ciencia y el Mass Effect es un tema que podría llenar las páginas de un libro, creo que hay otro tipo de homenaje que hay que hacerle. Uno ya no de carácter científico sino ético.

Aclaro que el Mass Effect es un juego de rol en el que uno controla las acciones y decisiones del protagonista, el Comandante Shepard, por lo que las líneas que voy a escribir acá probablemente no apliquen a la experiencia de todos los jugadores. Más bien es la visión que yo le proyecté a las acciones de mi Shepard. También aclaro que esto va a contener spoilers y que puede que sea incomprensible para quien no conozca el juego.

Estoy convencido de que la ética que promueve el Mass Effect es una que haría feliz a Carl Sagan. Sí, es cierto que Sagan era un pacifista y el jugador es un militar que se la pasa matando monstruos. Eso es normal para lo que es un juego. Pero si uno mira lo que pasa entre las batallas –el mensaje que subyace por debajo del repetitivo disparar-recargar-disparar– la voz de Carl se puede oír con claridad entre las explosiones.

Durante nuestra aventura en este universo podremos conocer a una gran variedad de formas de vida. Civilizaciones con otras costumbres, otras habilidades y debilidades. Los humanos no somos el ombligo del mundo sino la más reciente especie en integrarse a la comunidad galáctica. El Capítulo 12 de Cosmos especula justamente de una comunidad galáctica de este tipo y de qué pensarán de nosotros estos alienígenas tan avanzados.

elcorLos elcor son pesados y hablan con voz monótona (¡e interpretan Shakespeare!).

Y si bien hay una saludable dosis de excepcionalismo humano que no comparto en lo absoluto, la realidad es que en el universo del Mass Effect, los humanos tienen que aprender a comportarse entre extraterrestres y aprender a aceptarlos. Esa posibilidad de aceptación es uno de los grandes rasgos de la filosofía de Sagan. El optimismo de que el ser humano va a aprender a no matarse entre ellos ni a las otras especies.

La SSV Normandy, nuestra nave espacial con la cual luchamos para salvar a la Galaxia y la más avanzada de la flota de la Alianza (el gobierno humano), es un diseño realizado en colaboración entre humanos y turianos. Un logro importantísimo si se considera que pocos años atrás estábamos en guerra con ellos. La llamada Guerra del Primer Contacto, en la cual los humanos por primera vez conocieron una civilización extraterrestre.

El valor de la diversidad y la democracia es otra pieza importante en la ética del Mass Effect. Uno de los personajes confiesa que la razón por la cual su civilización no pudo escapar de la destrucción era porque carecían de diversidad. Todas las especies eran obligadas a formar parte de los “prothean” bajo su régimen dictatorial. El Consejo de la Ciudadela, el órgano de gobierno de la comunidad galáctica, no es perfecto, pero mantiene una paz relativa mediante la diplomacia, algo que este personaje no logra comprender.

meteamEl equipo de Shepard, formado por distintas especies, e incluso una Inteligencia Artificial.

Más aún, las asari –la especie más avanzada de comunidad– para tener descendencia requiere el apareamiento con un miembro de otra especie. Hay un poco de bio-blablabla, pero lo que se supone que hacen es usar la información genética del otro para aleatorizar el ADN de sus hijos, algo que en realidad pueden hacer con otras asari pero que no está bien visto ya que aprecian la diversidad que proviene de los intercambios interespecíficos.

taliHablando de relaciones amorosas, la batalla de derechos civiles de los homosexuales ya es cosa del pasado. La homosexualidad está aceptada casi universalmente y en el juego hay personajes gays sin darle importancia. No sólo eso, sino que también son aceptadas –aunque en menor medida– las parejas interespecíficas. El personaje principal puede entablar relaciones amorosas con sus compañero/as alienígenas sin ser prejuzgado por los demás.

Es interesante que, entre todo esto, gran parte del obstáculo sea una organización humana activamente xenófoba que busca la supremacía humana por sobre el resto de las especies y que, al final del día, la única forma de salvar la galaxia sea mediante la unidad de toda la comunidad galáctica.

Esta unión, además, es incluso ampliada hacia las formas de vida sintéticas. El arco argumental más significativo, en mi opinión, consiste en la resolución pacífica del conflicto entre los quarians y los geth, creados por éstos como robots domésticos. Una guerra que comenzó y termino antes de que el primer humano llegar al espacio y que fue causada por el miedo hacia el otro. Los quarians, al descubrir que habían creado formas de vida conscientes, reaccionaron mediante el intento de genocidio en vez de la aceptación.

gethpeaceLa paz entre los quarians y geth, luego de 300 años.

Me lo imagino a Sagan, ya no en la nave de la imaginación con forma de diente de león, sino a bordo de una verdadera nave interestelar capaz de llegar hasta los más remotos confines de la galaxia. Ojeando el Mapa de la Galaxia, decidiendo qué nuevo planeta va a explorar, qué nuevas formas de vida conocerá.

Ampliar el círculo moral a todas las formas de vida conscientes, luchar en contra del antropocentrismo, construir un vínculo de mutuo beneficio y respeto entre otras especies, conseguir la paz en el seno de la propia son valores que Carl Sagan probablemente compartiría, junto con el optimismo de que podemos lograr todo eso.

Friday, 9 November 2012

Cumpleaños de Carl Sagan (2012)

Hacer un post recordando el nacimiento de Carl Sagan todos los años es difícil. Qué puedo decir que no haya dicho con anterioridad o que otras personas más elocuentes que yo no hayan expresado.

remember

Sagan no sólo fue una experiencia formativa para muchos de nosotros sino que actualmente forma parte de lo que podría llamarse la “mitología” de la ciencia y el escepticismo. La leyenda suplanta al hombre y todos lo recordamos por sus virtudes y quizás nos olvidamos de sus fallos. Y está bien, somos todos seres humanos y nos gustan las historias heroicas de hombres virtuosos. La realidad siempre es más complicada pero, en mi opinión no hay ningún problema mientras se entienda en qué términos se está hablando.

Para mí Sagan simboliza el consejo de Bertrand Russell de “La buena vida es una vida inspirada por el amor y guiada por el conocimiento”. De nada sirve tratar de hacer el bien si uno no sabe cómo, y tampoco sirve saber cómo pero no tener interés en hacerlo. Carl vivió en un momento difícil, donde la amenaza de la destrucción total era una presencia diaria y las consecuencias de la aplicación del conocimiento inspirado en el odio estaba todavía en la mente de todos.

Esta síntesis entre ciencia y acción es una difícil de lograr. Demasiado activismo puede nublar el juicio crítico necesario para la ciencia; demasiada ciencia puede dejar demasiadas dudas para el activismo (“Los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”, otra de Russell). Con mucha seguridad puedo decir que me siento más bien en este último campo. No me siento cómodo en la política, donde las falacias lógicas están a la orden del día, los datos sólo importan cuando encajan con la propia agenda y correlación siempre es causación a menos que te haga quedar mal.

Sagan también es el avatar de la pasión por el conocimiento. Como un reciente ingresante en una carrera científica ahora entiendo lo difícil que es mantener el entusiasmo por la ciencia todos esos años. Con docentes aburridos, o que no tienen una visión amplia de lo que enseñan es fácil perder el rumbo en el bosque de integrales y diferenciales y olvidarse de lo fantástica que es la ciencia. Espero en el futuro poder ser tan buen profesor como él.

Finalmente, termino con el tradicional video de Carl Sagan leyendo un fragmento de Pale Blue Dot, un video que creo que todos tenemos que ver más seguido.